*Este artículo es solo un extracto de un texto más amplio dedicado al fenómeno de la Compaña. Para esta publicación algunas partes han sido omitidas, y otras editadas para darle cohesión al texto.*
Estamos pasando
la luna llena en este primero de Noviembre, que ha arrastrado en esta fase
creciente todo un cúmulo de potencias nigrománticas. La existencia del mundo
que está más allá de nuestras conciencias se abre camino en estas fechas en la
psique de todos los seres humanos para recordar a la humanidad, aunque sea por
un instante en el tiempo, el lugar eterno del cual todos provenimos. Existe un
día dedicado a los demonios, otro a los santos, un día dedicado a los difuntos…
Todo un proceso ritual al más puro estilo de los brujos, donde lo
inframundano, lo terrestre, y lo empíreo se unen para la Comunión de los Sabios.
Es en estos días
es cuando comienza propiamente la época oscura del año, y donde se observa la
salida de la Hueste Salvaje con mayor fervor. En esta ocasión las Cortes Ocultas,
junto con el conjunto que conforman las ánimas y otros poderosos espíritus,
salen en procesión siguiendo diversas 'antiguas estradas', y de este modo
incrementando la corriente mágica que mantiene esos caminos intransitables y
ocultos a los ojos de los humanos, aunque para algunos se conviertan en algo
irresistible. Interponerse en esa corriente neblinosa es tabú, y es
especialmente fuerte en estas fechas. El folclore de diversas zonas de la
Península en relación a la procesión conocida como la Santa Compaña, o la
Güestia nos proporcionará el marco adecuado para analizar algunas de sus
características y la relación que estas tienen con algunos aspectos de la
brujería y las tradiciones de tipo feérico.
Este fenómeno describe
simplemente a una procesión nocturna de carácter fantasmal, que recorre ciertos
caminos y cuya visión según el folclore, presagia la muerte inminente de algún
vecino del pueblo, o provoca algún tipo de mal sobre la persona que ha
observado el paso de la procesión. Los caminos suelen ser destacados o bien por
su antigüedad, o bien por ser los caminos que se recorren durante el traslado
de un difunto hacia el cementerio. Este caso es llamativo, ya que por
tradición, este tipo de procesiones funerales, generalmente se hacen paradas en
todos los cruces de caminos durante el traslado. Tal vez por ello dicen que es
más común encontrar a la Compaña en estos lugares, como si de alguna forma se
manifestara en paralelo a la tradición del traslado de los difuntos. Sin
embargo, hay mucho más que considerar al respecto, y personalmente no creo que
ese sea necesariamente el motivo principal, aunque sí podríamos decir que es el
motivo más conocido popularmente.
Existen variantes
de estas procesiones, pues no siempre se han manifestado durante la noche, y no
siempre son una procesión multitudinaria, sino apariciones de un solo ente, o
unos pocos. A veces están envueltos en sudarios blancos, y portan cirios
encendidos, aunque la mayoría de las veces solo se manifiestan como luces. En
este último caso se relaciona la aparición de las luminarias con el presagio de
muerte cuando estas son vislumbradas rodeando la casa donde habita el próximo
fallecido, algo que como veremos tiene una interesante correlación con otras
culturas europeas.
En todo el norte
de Europa encontramos un fenómeno idéntico llamado la Caza Salvaje, y que en
España es más conocido como la Hueste o la Güestia. Aunque en nuestro país este
fenómeno está impregnado de la imaginería propia de la Santa Compaña, la
definición del término no da lugar a conjeturas, ya que significa literalmente
“ejército en campaña”, algo que se aleja enormemente de la austeridad y el
mutismo asociado a la Santa Compaña, más en línea con las influencias
cristianas populares. La Caza o Hueste Salvaje, es un fenómeno muy extendido
por todo el continente europeo de origen más primitivo, que podríamos
considerar antecesor de la Santa Compaña, una versión pagana de esta procesión
de espíritus.
Las apariciones de
esta Caza Salvaje son muy similares en sus efectos a las de la propia Santa
Compaña. Pero quisiera destacar antes de continuar que existen versiones de
estas cabalgatas que aunque de carácter oscuro, incluyen un destacado culto a
los ancestros y la presencia benigna (y no maligna) de algunos tipos de
espíritus, sobre todo en relación a los cultivos y la fertilidad de la tierra.
Se suelen enseñar
en el folclore diversos métodos y símbolos para protegerse de la influencia de
la Compaña que contienen una parte visible de un conjunto de elementos
metafísicos presentes en algunas prácticas de brujería. Además algunas de estas
fórmulas populares para salvaguardarse de los males de la Compaña también nos
indican tras su análisis la naturaleza espiritual de los seres que enfilan la
travesía.
Una de estas fórmulas
de protección (la más común) incluye el trazado de un círculo, a veces
inscritos con símbolos de carácter sagrado como una estrella de seis puntas o
una cruz de brazos iguales, dentro de cuyo perímetro se ha de permanecer sin
levantar la vista nunca; mientras tanto se realizan rezos para atraer
protecciones divinas, alejar la influencia de los espíritus, y sencillamente
para evitar oírlos pasar. Otra variante es acostarse boca-abajo en el suelo del
mismo modo, esperando que pase la compaña. Lo importante, se puede deducir, es
no elevar la vista, un tabú que también encontramos asociado indistintamente al
encuentro entre entidades feéricas y los seres humanos.
Los cruceros y
algunas vías encantadas son lugares preferentes de encuentro con la Compaña,
como apuntábamos anteriormente. Lugares de intercesión estos que de antaño se
ha asociado al culto de los brujos, encuentros fortuitos con el diablo o con mujeres
de naturaleza siniestra. La aparición de esta procesión de entidades en ocasiones
se hace visible, aunque la mayoría de veces viene acompañada de cierta sucesión
de sensaciones que dan a entender al transeúnte que algo extraño está pasando a
su alrededor. Estas últimas pueden resultar en cambios repentinos de
percepción, una rotunda sensación de silencio seguida de una extraña ráfaga de
viento, la sensación de haberse perdido en una zona aparentemente conocida,
manifestaciones de tipo augural, o algún acto reflejo que impide continuar
caminando al transeúnte.
Las visiones
suelen resultar a veces en forma de fuegos fatuos o cierto tipo de niebla
especialmente luminosa. En este caso en el folclore europeo, estos fuegos
misteriosos se suelen relacionar con espíritus no solo de las ánimas, como
queda patente en las narraciones acerca de la Santa Compaña, sino a otro tipo
de seres de naturaleza feérica o hasta con la presencia de los brujos.
Existe una leyenda
galesa que describe cómo un campesino se encuentra con un ‘pwca’ (término que
designa a cierto tipo de espíritu salvaje al igual que al fuego fatuo). En este
encuentro, el campesino parece darse cuenta, mientras volvía a casa al
anochecer, que la luz que está viendo delante de él forma parte de una linterna
que porta una figura oscura. Esta figura oscura tiene varias interpretaciones,
ninguna de las cuales resultan extrañas al fenómeno de la Compaña. Según describe el
folclore, la Santa Compaña como
procesión de almas, está encabezada por un ser humano que viste con atuendos
negros y lleva una linterna en su mano derecha y un caldero con agua bendita en
su mano izquierda, un símbolo este que lo relaciona con el otro mundo
especialmente. Si consideramos ahora las descripciones populares acerca de
aquel otro fenómeno llamado la Caza o la Hueste Salvaje, encontramos igualmente
que está encabezada por un dios negro con cuernos, (otras veces montando a
caballo y casi siempre acompañado de perros sabuesos), asociado al mundo
inferior, que se presenta de la misma guisa, tal vez sin caldero, pero con
asociaciones psicopompas evidentes.
El Hombre de
Negro, además, es una figura tradicionalmente asociada al culto de los brujos
en el folclore brujeril europeo. A nivel mitológico, bajo esta oscura figura se
esconde el dios negro que encabeza la Hueste. Sin embargo, tiene un nivel práctico
dentro de los conciliábulos nocturnos de brujos, en cuyo caso, cumple un papel
o de mensajero, o como de líder de un coventículo. Lo curioso de todo esto es
que esa figura se mimetiza perfectamente con el hombre de negro asociado al
fenómeno de la procesión de las ánimas. Según nuestra experiencia esta
coincidencia no es casual y tiene una aplicación práctica en ciertos trabajos
de brujería asociados con las Huestes, donde la persona que ostente este cargo cumple
una función como la personificación viva del dios con cuernos, psicopompo y
líder de la Compaña Noctuna. Estos paralelismos entre la tradición del hombre
negro que encabeza la Santa Compaña y aquella del dios con cuernos dibujan una
clase de simulacro ritual cuyo fin es liberar el alma de los brujos para
participar en los vuelos nocturnos de los espíritus.
Este es un momento
de poder muy relevante que se alarga hasta la época de la
epifanía, que resulta en una importante ocasión de iluminación y
comunión con los espíritus que nutren nuestras Artes y nuestra Visión. Hay
otros momentos clave en el año donde se vuelven a producir cabalgadas de este
tipo entre los humanos y los pálidos, pero sin duda estos meses es más fuerte
para nosotros los humanos, debido a la progresiva oscuridad estacional,
que es especialmente propicia para alterar las sensibilidades psíquicas para
con el Otro Mundo y más conforme a la presencia de la luna llena.





