Los caminos de la encrucijada

sábado 9 de enero de 2010

 

El camino de la brujería es un camino de sabiduría y reintegración, de azares y de hechos, de miedos y regocijos, de muerte y de vida, de desarrollo y transformación. Es un camino que solo pueden andar aquellos cuya voluntad les lleva por los no-senderos de lo recóndito de la naturaleza y cuyo espíritu está preparado para respirar el aliento primero de los ancestros y su sabiduría. Es un avance a través de la niebla, de la espesura; un avance de lo denso a lo etéreo; un recorrido por las atávicas raíces del ser y la Naturaleza.

La brujería forma parte de prácticamente todas las culturas conocidas hasta hoy y en ocasiones se asemeja bastante al chamanismo, más extendido que la brujería si cabe. Existen brujerías de muchas clases, tantas como brujos. Se podrían establecer escalas taxonómicas que reflejasen en forma teórica las distintas tradiciones que pudieran existir en relación a la brujería como fenómeno humano y, sin embargo, nunca acabarían por definir al cien por cien a un solo practicante.

En cuanto a la brujería llamada “tradicional”, desde el renacimiento brujeril de estas últimas décadas, muchos brujos se han visto obligados a tomar prestado o inventar nuevas etiquetas para denominar a sus prácticas y distinguirse de otras prácticas del mismo tipo de otras tradiciones. El fin de todo esto: la integración en una comunidad de brujos afines y asegurar una parcela dentro de cara a la luz pública en la que cada representante es responsable de lo que se refiera a su nombre.

Las ventajas de esta iniciativa es que ofrece a los posibles interesados un punto de partida desde el cual poder recorrer toda clase territorios como si del estudio de un mapa mismo se tratase y resulta más sencilla así la búsqueda y la identificación con un grupo o tradición que finalmente puede llevarnos a un cruce de caminos particular que defina a cada uno como individuo practicante de una de estas disciplinas mágicas.

Pero lo cierto es que el establecimiento de estas etiquetas de cara al público no es un fin en sí mismo para la brujería y así es hoy en día para muchos practicantes que prefieren mantenerse en el anonimato y que incluso ignoran la existencia de comunidades de practicantes fuera de sus dominios tradicionales. Además establecer un punto de separación entre unas y otras “tradiciones” es tarea ardua hasta para los propios brujos, que no estamos especialmente interesados en las etiquetas, sino en el desarrollo de un saber, de un Arte que nos ha sido revelado en nuestra propia sangre. Ese Arte es el núcleo que caracteriza a los brujos como tales, y lo que a mi entender da cabida a la expresión “ser de la sangre” que tanto se escucha en estos campos que nos ocupan.

Ser de la sangre no significa tener una herencia o ni siquiera pertenecer a un linaje de maestro e iniciado en brujería; en mi opinión, responde sencillamente a una vocación profunda casi instintiva hacia el Arte de la brujería. Esta vocación puede manifestarse de muchas formas distintas según la persona; a veces se manifiesta tempranamente, otras de manera súbita, otras siguiendo un proceso de liberación que puede durar años, otras veces por mediación de maestros en este mundo o en el Otro. Sea cual sea la forma en que esa vocación se manifieste, podemos referirnos al portador de tal vocación como un ser con sangre bruja.

Como soy uno de esos brujos que ha crecido en comunidad y que ha tenido que buscar a través de los mapas disponibles su propio camino intentaré definir qué es lo que yo practico y lo que me representaría de cara al público. Definiría la brujería que practico como diánica, sabbático-extática y feérica según las influencias que personalmente han afectado a mi desarrollo en estos caminos según los principios anteriormente mencionados.

La diosa Diana es mi maestra y patrona. No soy feminista, pero como Diana, aborrezco y maldigo a los que se atreven a perjudicar la sacralidad femenina, y manchar el honor del origen mismo de todo. Ella es protectora de las mujeres en los partos, protectora de niños y de los animales. Es diosa de la caza y de los bosques, pero también encabeza la Caza Salvaje llamada en ocasiones el Juego de Diana en el cual la Diosa lleva a sus iniciados cabalgando en un viaje extático a través de los límites de la Naturaleza y el Ser hasta un cónclave sagrado llamado el Sabbat en donde son transmitidos los misterios.

Rindo culto al Buco, el macho cabrío, Maestro de los brujos, que porta la llama de la sabiduría; es la stella matutina, lux fero de antaño. Él es maestro del éxtasis, vehículo y guía a los cónclaves sabbáticos. Su espíritu de fuego es respetado por toda suerte de entidades de la naturaleza y es el que hace posible la integración y manifestación de todo en todo, como guardián de las puertas, llamado Dianus. Por ello, mediante prácticas sabbático-extáticas guiadas por Él, celebramos comunión con todos los seres de la naturaleza al igual que forjamos nuestro ser mediante el fuego extático de la danza en espíritu del Sabbat.

Practico algo que podría denominarse “artes feéricas” bajo el tutelaje de una entidad local que bien podría identificarse como Reina del Pueblo Oculto, es decir Reina de las hadas. Históricamente se ha atribuido este papel a la diosa Diana en sus aspectos más oscuros en relación con el Otro mundo. No seré yo quien desmienta esa posible relación, pues la verdad es que la experiencia aún no demuestra lo contrario. Sus advocaciones son numerosas a lo largo y ancho de Europa y todas parecen coincidir en la naturaleza siniestra de esta entidad; es pálida, fría y oculta, oculta en la oscuridad más profunda que se encuentra más allá de la niebla.

Todo ello, a nivel práctico, da lugar a una forma de brujería cuyas bases creo que aquellos que se dediquen a las Artes Tradicionales del Oficio reconocerán de inmediato. Mi cruce de caminos particular gira en torno a las tradiciones conocidas como streghería, brujería córnica y la influencia tradicional autóctona, y sus misterios son la guía que me ha traído a este espacio en que intento reproducir ideas y pensamientos relacionados con la brujería. Supongo que hacerlo me ayuda a aclarar la visión propia de todo lo aprendido y es una forma de entenderme a mí mismo. Por el momento solo llego a desentrañar un sentido primario de “mi brujería”. Pero como brujo cabalganieblas, cabalgaré en la espesura en búsqueda del saber último de los ancestros y honraré a la Diosa en sus fatales designios.

2 comentarios:

Vaelia dijo...

Es genial leerte de nuevo :)

Un inmenso abrazo!

Francis Ashwood dijo...

¡Gracias, Vae! ^^

Esperemos que dure, jajajaa.

Un abrazo,

F. Ashwood