La luna y la serpiente

domingo 28 de febrero de 2010

 

En todas las tradiciones de brujería existe un fuerte vínculo con la tierra en la que habitamos. En ella yace todo el conocimiento ancestral que se ha ido acumulando durante toda su existencia. Es el recipiente de los muertos del lugar y habitáculo de los espíritus de las plantas y del pueblo oculto. Ella contiene todas las virtudes necesarias para el sustento de la vida en la tierra y al mismo tiempo son canales y recipientes de las fuerzas e influencias de los astros. Pero este conocimiento no surge de la nada ni del intelecto, sino del sutil susurro y las visiones que nos otorgan los seres del Otro mundo y la experiencia práctica de ese conocimiento. Por tanto es necesario mantener un correcto contacto con estos seres que conviven con nosotros, tanto como nosotros convivimos con todos los seres que nos rodean cada día en nuestro estado consciente.

Las cavernas, los arroyos, los pozos y manantiales son puertas naturales a las profundidades de la tierra y suelen ser generadores de corrientes telúricas bajo cuya influencia el ser humano puede aprender a contener la energía serpentina vital que será básica para el trabajo mágico. Sin embargo estas corrientes pueden causar tanto bien como mal en nuestras mentes. De hecho una mala canalización o un exceso de esta energía puede llevar a un estado de desconcierto que puede hacer mella en nuestro inconsciente y causar más daño que el bien que de otra forma podría habernos otorgado.

Esta energía telúrica se representa mediante la imagen de la serpiente, como animal con capacidad para penetrar las profundidades de la tierra y las aguas, y como el elemento fuego, como principio generador en todos los seres. Su aliento, el aliento de la serpiente, su calor, puede experimentarse en estas zonas de poder anteriormente mencionadas, especialmente en los lugares donde varias líneas telúricas se cruzan. La exposición a estas fuerzas puede llevarnos al éxtasis interior y revitalizar nuestro propio fuego interno, cuyo poder extiende nuestras capacidades sensoriales y espirituales hacia otras fuentes más sutiles de experiencia mística del terreno y del ser.

Sin embargo existe otro factor más importante a la hora de considerar los trabajos con este tipo de fuerzas telúricas: la fuerza de la luna. La razón por la que es necesario tener en cuenta el factor lunar es porque su influencia provoca una manifestación específica de la naturaleza de la energía serpentina. Esta puede ser tan generadora, como caótica, y esto resulta más pronunciado conforme se acerca una de las dos fases principales de la luna, es decir, la luna llena o la oscura.

Exponerse a las corrientes telúricas en luna llena puede ser peligroso en cuanto a la potencia energética a la que se expone el brujo, pero es precisamente esa potencia bien canalizada, la que da lugar a visiones y experiencias místicas del espíritu. Sin embargo, durante la luna oscura las energías de la serpiente suelen ser más peligrosas debido a la potencia caótica de las corrientes y la exposición del espíritu que generamos hacia las partes más demónicas del ser, que suelen ser las más problemáticas a nivel emocional y espiritual. Mientras una fuerza es de tipo generador, la otra es de tipo degenerador, lo cual no quiere decir que una sea mejor que la otra, pues un exceso de ambas pueden llevarnos a un fatal descontrol de nuestra integridad espiritual. En cualquier caso, el trabajo equilibrado con ambas fuerzas es lo que se busca en la brujería, como forma de alcanzar la Plenitud. Supongo que de una u otra forma, esto es extensible a muchas tradiciones de brujería por igual.

El cruce de caminos entre las fuerzas de la serpiente y de la luna son por tanto una gran fuente de poder mágico y de sabiduría. Como toda experiencia de tipo místico, nunca estamos exentos de peligros, pero hay que tener en cuenta, que desenterrar los tesoros ocultos que esconde nuestra amada tierra, conlleva sacrificios y sufrimientos que tenemos que estar dispuestos a enfrentar. Por eso la brujería no es apta para todo el mundo, por eso requiere de tanta integridad física, por eso es necesario aprender de otros que han abierto las puertas del otro mundo en estos cruces de caminos y no adentrarse en los cruces de caminos a ciegas. Todo ese conocimiento se encuentra bajo nuestros pies y sobre nuestras cabezas; es solo cuestión de aprender a tratar, escuchar y de integrar el conocimiento que recibimos el que aprendamos los misterios de la Naturaleza.