Hace un mes que ha llegado la primavera, y tal como es de esperar, el despertar de las serpientes telúricas tras el invierno viene cargado de potencias extraordinarias. Es de esperar que para los brujos, esta sea una época de gran proyección en todos los sentidos, y tal vez en las primeras semanas después de que se han empezado a remover de nuevo estas corrientes uno se de cuenta de cuales son sus verdaderas voluntades para con su vida. Por tanto no es de extrañar el haberme encontrado de repente con tanto proyecto y trabajo junto, obviando por un momento el final del cuatrimestre universitario así como la inminente llegada de las vacaciones de verano.
Supongo que estoy en una etapa de mi vida en que el hábito de la escritura que intentaba recuperar cuando comencé este blog hace dos años, está viéndose invadido por la meditación filosófica y las solitudes que requieren un verdadero despertar de la conciencia. Me estoy dando cuenta por primera vez hasta donde alcanza la importancia de permanecer en consonancia con la naturaleza que nos rodea, de familiarizarse con los procesos internos y externos que conforman nuestras naturalezas espirituales, pero sobre todo la importancia de la experiencia inmediata del terreno que pisan nuestros pies. Más allá de todo escrito debemos siempre buscar la fuente de conocimiento de que somos recipientes los seres humanos. Solo durante el camino de vuelta, podremos empezar a darnos cuenta de la cantidad del conocimiento que somos capaces de contener tras adquirir conciencia de plenitud.
En ese estado es que se consigue fluir con el destino, se consigue potenciar la conciencia de lo que en algunos círculos esotéricos se llama la "verdadera voluntad". Y una vez ahí podemos empezar a encontrar señales en el camino de ascensión espiritual marcado por la esencia empírea de nuestro fetch. El proceso es largo y arduo, lleno de sacrificios y bendiciones que se manifiestan como verdaderas maldiciones a la hora de volver a recuperar la armonía. Pero esto es inevitable y luchar contra ello es mortificarse al movimiento en círculos sin llegar nunca a alcanzar el camino de la espiral.
Aprender a orientarse por entre la niebla es un entrenamiento peligroso y requiere de mucha dedicación y humildad por parte del caminante. Solo si se permanece con el corazón abierto, y la conciencia despierta se puede comenzar a entablar relación con los seres espirituales que pueblan la tierra, las aguas o las estrellas. Sin su apoyo no somos nada, pues no debemos olvidar nunca que el ser humano es humano y siempre lo será hasta que se transforme en otra cosa. Como decía en una entrada llamada las barreras y lo eterno:
«No es condición del ser humano permanecer en tal estado [entre mundos]. Si fuera de ese modo, dejaríamos de ser como somos (...). Y es precisamente esa condición la que hace posible experimentar el placer, la paz y la libertad del modo en que lo hacemos; cada una de esas acciones y placeres son la fricción que hace renacer el fuego interior que ilumina nuestras almas y nos permite crecer como seres espirituales.»
Pero para llevar a cabo ese crecimiento nos adentramos en un terreno desconocido, en el cual necesitamos de nuestros espíritus aliados para no perder la cabeza en el camino (pues no podemos valernos por nosotros mismos para todo). Y en esta relación se basa prácticamente todo acto cercano a una práctica religiosa que se puede encontrar en la brujería. Por ello toda práctica religiosa llevada a cabo dentro de la brujería se practica con la tierra misma como fundamento total de nuestra existencia.
Mirar a los ojos de la Fata Madre es peligroso, pero los que caminan siguiendo sus designios en devoción y entrega verdadera obtienen favores que de otra forma se convertirían en mortales. En este momento hay que llevar los rituales de purificación y silencio necesarios para tomar vuelo cuando los espíritus de la tierra avisen de la apertura de las puertas de las colinas donde habitan los pueblos ocultos, y dejar que la Madre Oscura otorgue sus bendiciones y maldiciones de ahí en adelante.
Supongo que en este momento me estoy escribiendo a mi mismo. De todas formas, confío en que que cada uno tomará lo que considere útil y obvie el resto, que el camino de cada uno ya irá revelando sus propias pautas.




3 comentarios:
En ocasiones uno no sabe ni qué terrenos está pisando... precisamente por estarlos pisando. A veces es preciso pedir prestada la visión de aquello que nos rodea, para hacerse una idea y recuperar la orientación. Gracias otra vez.
Un enorme abrazo,
Vae.
Gracias a ti por estar.
: )
Franchu,
felicidades, felicidades...
Publicar un comentario en la entrada