Las raíces del misticismo

sábado 13 de noviembre de 2010

 


Las formas tradicionales de brujería suelen resultar en muchos aspectos místicas desde el punto de vista experiencial. Y si no místicas, al menos sí trascendentales. En este sentido la brujería es totalmente transparente y objetiva, y las bases de sus prácticas espirituales son totalmente comparables a multitud de tradiciones místicas tanto occidentales como orientales. El mismo hecho que explica por qué se han desarrollado prácticas de tipo místico tan similares en lugares tan alejados no solo en el espacio sino también en el tiempo, es el mismo hecho que demuestra y cualifica a las prácticas y experiencias de un individuo como genuinas y ‘verdaderas’ dentro de un marco de desarrollo espiritual.

Una posible fórmula hacia la ‘Verdad’

Sin embargo, antes de continuar debemos aclarar un problema de base y discutir brevemente la cuestión filosófica de que “no existen verdades absolutas e inamovibles”. Siempre he pensado que esta afirmación de alguna manera no se aplica al principio de ‘verdad absoluta’ que manejamos en la brujería al referirnos a las experiencias del tipo que menciono en esta entrada. Al mismo tiempo hay que mencionar aquí el tipo de ‘verdad’ con que se manejan las ciencias empíricas ya que de alguna forma, en la brujería, estas experiencias también pueden considerarse completamente empíricas teniendo en cuenta los siguientes factores por los cuales es posible confirmar o refutar una experiencia espiritual individual como genuina: a) primero la ‘experiencia base’ que todo ser humano que haya vivenciado momentos místicos o trascendentales puede poner en común con las de otras personas que hayan tenido experiencias del mismo tipo; y b) segundo, las raíces de las ‘experiencias base’ que se figuran una vez que juzgamos la vivencia extrapolando la influencia y los efectos ejercidos por la naturaleza propia de la mente humana.

El primero de estos dos factores destaca los paralelismos que puedan existir entre dos experiencias místicas de dos individuos diferentes como un primer paso hacia el estudio de la experiencia espiritual verdadera. Es decir, si dos personas han tenido vivencias que de alguna forma siguen patrones idénticos o similares en ambos casos podríamos empezar a considerar hasta qué punto pueden o no ser reales desde el punto de vista espiritual. Sin embargo otro problema que me llego a plantear es que hoy en día la palabra ‘espiritual’ se aplica muchísimos fenómenos que, a mi entender, en el fondo poco o nada tienen que ver con el espíritu. Evidentemente dependiendo de qué definición de espíritu se tenga. En este caso, y puesto que estoy hablando de la brujería el término es más restrictivo que el de la opinión general.

El segundo factor es en sí una segunda fase de análisis de la experiencia. Este resulta clave para descubrir los elementos verdaderamente no influenciados por la proyección mental del individuo, lo cual nos lleva directamente a las raíces de la experiencia mística, que es la interacción o unión real con entidades que existen a una "frecuencia" espiritual diferente a la de los seres humanos, sean dioses, ángeles, hadas, espíritus elementales, etc. La importancia de este paso reside en que libera a la experiencia de la susceptibilidad de la mente humana en estados alterados de conciencia de proyectar imágenes y fenómenos sobre la percepción real de un espacio espiritual, y la falta de competencia de la mayoría de seres humanos para discernir entre una de esas proyecciones y el fenómeno real en el que nos encontremos.

Una vez se ha pasado por ambos procesos de análisis, podemos hablar con un poco más de propiedad sobre lo que hemos vivido y los efectos que esa vivencia ha producido en nuestra mente. Porque ambos son campos demasiado entrelazados entre sí y las Artes de la brujería requieren para un mayor efecto y seguridad en las prácticas de seres íntegros que conozcan muy bien qué son y cuál es su lugar en el universo en relación a otras entidades físicas o metafísicas. Mi intención con todo esto es destacar esta diferencia entre la ‘mente’ y lo que no es producto de la mente, que considero importantísima a la hora de juzgar el verdadero efecto de nuestras prácticas espirituales en estados alterados de conciencia, lo cual toma mayor importancia si en su lugar nos estamos refiriendo a verdaderas experiencias místicas.

Procesos internos, procesos externos

La mente humana está sujeta a una serie de procesos internos que controlan y organizan todo estímulo sensorial que recibimos a lo largo de nuestras vidas transformándolos en conocimiento al cual podemos recurrir conscientemente para enfrentar nuestra vida como seres humanos dentro de los ciclos de la naturaleza. Sin embargo la mayoría de ese conocimiento queda enterrado en áreas de la mente a las que solo podemos acceder a través de la exploración del subconsciente. Este cúmulo de conocimientos y experiencias, dependiendo de su contenido, en ocasiones pueden entrar en conflicto con otras partes de nuestra mente y generar desequilibrios en los procesos, que afectan a la consciencia, distorsionando nuestra percepción de la realidad. Y más es así contra más estimulamos la actividad del subconsciente, lo cual ocurre en cada sueño que tenemos, pero también (sobre todo) en algunos estados en los que caemos mientras se llevan a cabo los rituales del Arte.

En contraposición a la propia mente humana está ese espacio real donde se generan procesos externos que estimulan nuestra mente a través de los sentidos. Desde este punto de vista no podemos considerar esos estímulos como parte de nuestra mente todavía, pues aunque el individuo no se encuentre en un espacio concreto, esas fuentes de estímulo seguirán actuando naturalmente alejadas de nuestra influencia. Sin embargo en el momento de interacción entre el ser humano y el espacio, se suceden una serie de acciones mentales que permiten a esos estímulos llegar a nuestro centro vital. Es en este preciso instante en que podemos llegar a ser Uno con el entorno. Pero además es que resulta que ese instante se da constantemente en nuestras vidas, y es lo que mantiene activo al universo al completo.

El misticismo

Es en la unión activa con el universo o con dioses u otras entidades donde tiene lugar la experiencia mística real, y teniendo en cuenta lo mencionado anteriormente, podemos hablar de una experiencia real definida en los siguientes términos: aquella que pueden reconocer una gran cantidad de individuos con patrones similares o idénticas analizadas substrayendo de la misma las proyecciones mentales que el individuo superpone al fenómeno de la experiencia misma. Y aquí me voy a adentrar en el tema crítico de esta entrada, que es el egotismo que desencadena al mentirse a uno mismo acerca de estas u otras experiencias parecidas.

Los efectos de una experiencia mística son transformadores, no funcionan solo en nuestra mente, sino que también transforman nuestra percepción de la realidad, expandiendo nuestra consciencia. Esta transformación de la realidad es evidente y reconocible en el individuo que ha sufrido tal transformación y por tanto no da lugar a engaño ante otros ojos que miran al mismo nivel. Cuando nos mentimos a nosotros mismos pensando que hemos tenido una experiencia mística real cuando en el fondo sabemos que estamos inflando en exceso un simple momento de claridad espiritual, de iluminación, estamos cayendo en un error que nos aleja de muchos de nuestros propósitos espirituales reales, al mismo tiempo que aumentamos la posibilidad potencial de sufrir trastornos que nos impidan el crecimiento espiritual. Estaríamos basándonos constantemente en procesos creativos que no tienen en cuenta el factor real del entorno; la creación de un mundo, una imaginería, seres y dones que no se corresponden con la realidad no es principio ni fin de la brujería.

Esto puede ser útil a nivel psicológico dentro del marco de una terapia concreta que emplee medios creativos para llevar a cabo su propósito terapéutico, pero de otro modo no deja de ser mero entretenimiento, o expresión personal mediante un medio creativo. Esto solo nos ayuda a conocernos a nosotros mismos, lo cual es muy positivo. Pero si de ello se pretende hacer brujería, entonces vamos por muy mal camino. Las prácticas de brujería no son una forma de terapia espiritual, sino que son una forma de acceder a la percepción de, y la interacción con, el Otro Mundo a distintos niveles para el desarrollo de las Artes Mágicas o la Gnosis que nos lleve hacia la Sabiduría o hacia un estado de Unión con el Todo, llámese como se llame. No existe nada terapéutico en la brujería. La terapia funciona dentro de nuestra mente; pero la magia funciona incluso más allá de nuestra mente.

Los dominios del espíritu

El conocimiento de la psicología del ser humano es por supuesto muy útil para el perfeccionamiento de nuestras Artes, puesto que nos ayuda a diferenciar entre los efectos de procesos psicológicos y los efectos de otros procesos espirituales más allá de los dominios de la mente. Pero no es y jamás ha sido un requisito saber psicología para practicar brujería. Sin embargo sí resulta apropiado llevar un estudio medianamente serio del tema, de modo que sepamos diferenciar entre los dominios de la mente y los dominios del espíritu. Y más hoy en día, en que muchos de los que empezamos a adentrarnos en la brujería, hemos tenido que enfrentar en solitario los efectos venidos de estas prácticas, sin nada con lo que comparar nuestras experiencias en la búsqueda del verdadero conocimiento, lo cual da lugar a inseguridades, o a trastornos (como decía antes), si no sabemos poner cada elemento de la experiencia en su lugar dentro del propio Ser. Incluso aunque perteneciéramos a un grupo, coven, clan, familia, etc. siempre deberíamos tenerlo en cuenta.

En los dominios del espíritu no hay simbolismos, arquetipos, o terapias que valgan. Aquí lo único que existe es el espíritu en crudo y la visión del mundo del espíritu, que es completamente independiente de los prejuicios o valores que tengamos una vez volvamos a tomar tierra en nuestra conciencia cotidiana. Los símbolos son elementos desencadenantes de la trascendencia, los arquetipos puertas sensoriales a potencias externas a nosotros que en ocasiones sirven para trascender, las terapias nos ayudan a mantener nuestra salud mental, en otras palabras, a mantener limpios los canales por los que trascendemos nuestro estado normal y nos adentramos en los dominios espirituales.

Conclusión

En la práctica de la brujería, especialmente en estados avanzados de trabajo, el no saber diferenciar entre lo que es mental de lo que es real, puede llevar a la locura. No sirve de nada mentirse a uno mismo, pues así no se avanza; y si se avanza sin haber pasado esta barrera nos arriesgamos a quedar atrapados en un estado donde el ser no es capaz de reconciliarse con la realidad, y donde la realidad se confunde con la ilusión, lo cual es verdaderamente aterrador.

Hay que andarse con pies de plomo en los caminos del espíritu. Y llevando el dicho un poco más allá en forma de metáfora, que sean de plomo no deben suponer un problema, pues a través del ejercicio de caminar, iremos fortaleciendo nuestros pies y por extensión nuestro cuerpo. Pero hay que caminar, no dar un paso e inventar cien más de la nada. Los que caminan por los mismos senderos pueden darse cuenta de ello fácilmente y eso dice mucho de la humildad que tenemos y nuestro amor para con los Antiguos Caminos.

Seamos realistas…