La forma más inmediatamente accesible de explorar la brujería histórica es a partir de documentos inquisitoriales y el folclore. En ellos encontramos referencias a todo tipo de declaraciones acerca de las supuestas prácticas de los brujos y brujas. Sin embargo en su mayoría, estos documentos respondían a una corriente ideológica contra la herejía que condenaba estas prácticas bajo el mandato de la Iglesia. El factor cultural reinante durante los siglos de persecución fue asentándose cada vez más en la propia mentalidad social, hasta tal punto que el propio fenómeno de la brujería parecía haberse convertido en una forma de maniobra política popular, en lugar de un crimen real.
Los orígenes de esa política parecen remontarse a la idea de la soberanía de Dios según la interpretación de los eclesiásticos, por encima de la de otros dioses paganos, o prácticas herejes. Entre ellas se encuentra la brujería, cuya definición a lo largo de los siglos iría conformándose de acuerdo a la imposición de las autoridades y las histerias sociales, más que a la realidad en sí del fenómeno tal y como lo conocemos hoy en día a partir de fuentes directas de los practicantes. El término “brujería” se referiría popularmente a un conjunto de prácticas de tipo mágico que implica la interacción mediante el culto o la supeditación a entidades maléficas (según los cánones de la Iglesia), cuyo líder es siempre el Diablo. Poco importaba en realidad que fueran o no benéficas para la comunidad, como en un principio ocurría, pues la brujería siempre se ha desarrollado externamente más como un oficio, que como un culto. Y lo cierto es que no estaban lejos de la verdad, salvo por la adjetivación moral de estas prácticas como maléficas.
Esta imposición moral responde a un progresivo lavado de cerebro en el cual se divulga el estatus inferior y herético de la brujería u otros cultos, y la necesidad de juicio divino mediante el consejo de los jueces y sacerdotes correspondientes. Tanto caló esta ideología en la sociedad que su supuesta naturaleza purgativa se transformaría en un arma de doble filo. Mientras autoridades de la Iglesia conseguían difundir esta idea maligna de los brujos y mayor control sobre el populacho (tal es la base del absolutismo), la gente aprendió que esta idea servía para resolver conflictos de diversas índoles, y la usarían como excusa para imponer la justicia por su cuenta. Muchas veces, el confesar la práctica de la brujería, aunque fuera junto con el más horrendo de los crímenes, favorecía al criminal. Y el acusado sabía perfectamente cómo satisfacer a las autoridades mediante narraciones escabrosas, que es lo que ellos buscan oír. Formaba parte de un “protocolo de salvación” por así decirlo.
Las consecuencias de toda esta ideología de base es que en ocasiones los acusados por brujería del pasado tenían más probabilidad de reintegración social que otros malhechores, por medio del arrepentimiento y la conversión. De alguna forma las autoridades tenían que demostrar que la brujería era inferior o, según versiones más ilustradas, que ni siquiera existía realmente. Para ello debían mantener una carrera de desprestigio, que poco a poco iría facilitando el pueblo llano, sirviéndose de crímenes que afectaban especialmente a la población como asesinatos, malas cosechas, enfermedades, plagas, que en la mayoría de los casos estaban ejecutados por no brujos; en sí una estrategia más.
Todo esto me hace pensar si para las autoridades eclesiásticas, hasta cierto punto, tenía mayor valor el arrepentimiento por practicar la brujería y la consiguiente conversión pública, que un crimen en sí mismo. Dicho de otra forma, si cualquier crimen justificado por “brujerías” tendría más posibilidades de salir absuelto, siempre y cuando se diera cabida a la “salvación”.
Dentro de los testimonios inquisitoriales, se han empleado toda una serie de imágenes escabrosas que servían para demostrar que el acusado era un “verdadero” brujo. Estas incluyes aberraciones varias, como el sacrificio de seres humanos, de animales, orgías, pactos con el diablo, brindis de sangre, danzas en estados de embriaguez, y por último profanaciones de elementos sagrados cristianos. Pero si bien estos testimonios ayudaban a activar ese protocolo de salvación que mencionaba anteriormente, la verdad es que nunca definieron realmente lo que era la brujería.
Aún así, la brujomanía popular daría lugar a una imaginería rica en conceptos que conformarían la imagen folclórica universal que tenemos del brujo o la bruja y sus quehaceres nocturnos. Para obtener una visión fiel de la brujería tal y como sobrevive hoy en día es necesario desembarazar los testimonios de las proyecciones macabras fruto de la mente de las autoridades inquisitoriales y la histeria popular. Sin duda, este es un trabajo harto complicado, ya que hay que tener en cuenta una multitud demasiado amplia de factores sociológicos y culturales que distorsionan enormemente la realidad de la brujería en la historia en contraposición con la visión popular que se tenía de la misma. Pero lo cierto es que el conocimiento popular siempre esconde certezas, y en ese halo de nocturnidad y cosmología brujeril se esconden muchos pequeños resquicios de verdad que conforman a día de hoy la base de toda una filosofía espiritual que aboga por el equilibrio y la relación mística con la tierra y los espíritus que la habitan.
Aún así, la brujomanía popular daría lugar a una imaginería rica en conceptos que conformarían la imagen folclórica universal que tenemos del brujo o la bruja y sus quehaceres nocturnos. Para obtener una visión fiel de la brujería tal y como sobrevive hoy en día es necesario desembarazar los testimonios de las proyecciones macabras fruto de la mente de las autoridades inquisitoriales y la histeria popular. Sin duda, este es un trabajo harto complicado, ya que hay que tener en cuenta una multitud demasiado amplia de factores sociológicos y culturales que distorsionan enormemente la realidad de la brujería en la historia en contraposición con la visión popular que se tenía de la misma. Pero lo cierto es que el conocimiento popular siempre esconde certezas, y en ese halo de nocturnidad y cosmología brujeril se esconden muchos pequeños resquicios de verdad que conforman a día de hoy la base de toda una filosofía espiritual que aboga por el equilibrio y la relación mística con la tierra y los espíritus que la habitan.
Lejos de ser exhaustivo, quisiera realizar un pequeño trabajo de depuración y tratar brevemente algunos temas que pueden encontrarse por doquier en casi cualquier testimonio relacionado con la brujería. Algunos de ellos son la iniciación, el vuelo mágico, el Sabbat y el trato con el diablo y otros espíritus, etc. Pero para no alargar demasiado este escrito y hacer justicia a los temas que menciono, dedicaré entradas separadas a estos temas.




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